Nos hemos preparado para lo malo que viene en 2023

Hace un año escribimos que poníamos el contador de decepciones a cero. Cierto que no sabíamos la que se nos venía encima y 2022, como año, en Re-Read Bilbao, ha sido horrible. Francamente decepcionante.

Tras la pandemia y las consecuencias de la guerra de Ucrania, hechos que todos hemos sufrido, han sido varias las adversidades que nos ha tocado vivir en Re-Read Bilbao. Pero en concreto dos han sido fatales: en Febrero La Librera Natalia y su niña sufrieron un atropello en un paso de cebra que se quedó en tres meses de baja pero que pudo ser la mayor de nuestras desgracias; y en Agosto un incendio tendrá aproximadamente 6 meses cerrado nuestro Re-Read Bilbao Arenal (tranquilo/as que os seguimos atendiendo como os merecéis en San Mamés).

En las RRSS La Librera Natalia resumía a la perfección lo que ha sido nuestro duro 2022.

Las horas que hemos invertido en este segundo Re-Read Bilbao no se van a poder recuperar.

Por otro lado 2022 ha resultado ser un año revelador. Quien esto escribe ha decidido cambiar de estrategia por aquello que decía Einstein: «si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». O algo así.

Y he cambiado de estrategia gracias a varias reflexiones originadas por lecturas recientes y a un inesperado encuentro con un desconocido que me gustaría compartir con todos vosotro/as.

Hay quienes leen por inercia, para divertirse y pasar el rato, y otros, que en mi opinión es la lectura correcta, incluso de una novela “ligera” sacamos conclusiones porque pensamos sobre los personajes y sus pericias ficticias.

Para empezar diré que de un tiempo a esta parte he tomado consciencia de que voy totalmente contracorriente. Y esto duele.

Es inevitable exponerse uno mismo en este blog cuando pretendo hablar de libros y mi vida está marcada por todas las páginas que han moldeado mi personalidad. Intento no hacerlo a menudo, pero en ocasiones, y esta es una de ellas, es obligatorio.

Hace muchos años tuve un jefe que en año nuevo llegó a la oficina y dijo aquello de «este año me he propuesto ser buena persona». Ojo. No dijo «mejor persona», simplemente aspiraba a dicha virtud sabedor que era un bicho de cuidado.

En Re-Read Bilbao la maldad ha estado muy presente en el pasado 2022.

En El príncipe de la niebla Carlos Ruiz Zafón profetiza que «siempre sucede lo contrario de lo que esperamos». Todos aspiramos a un 2023 perfecto y feliz, pero desconocemos qué nos deparará. Personalmente y sabiendo que nos vemos obligados a mantener relaciones con gente mala, deduzco de antemano, quizás como mecanismo de defensa, que vienen curvas y nos espera un fatal año. En 2023 los Re-Read Bilbao lo vamos a pasar mal. Ojalá suceda lo contrario como dice Zafón.

Debería saber diferenciar el negocio de lo personal, pero es imposible porque nuestro medio de vida es precisamente lo que nos permite vivir, pues la lectura y los libros son el pilar de lo que somos. No concibo una vida sin libros.

«La edad te hace ver ciertas cosas», continua en otro pasaje de El príncipe de la niebla. Mi experiencia me dice que es muy difícil que las personas cambien, por lo que la gente mala con la que nos toca relacionarnos, van a seguir extendiéndonos su maldad.

A una de esas personas se lo dijimos. Que era malo. Y no se turbó. Reconozco que esto me dejó descolocado hasta que leí 1794 de Niklas Natt och Dag, segundo libro de la trilogía de Estocolmo editado por Salamandra. En esta saga de libros los malos, que son la mayoría de los personajes, son malos de cojones. Aplican una serie de torturas a sus víctimas inimaginables (por lo menos para mi discernimiento), pero hay un personaje, el bueno, un tipo amargado por todo lo que tiene a su alrededor, que no desfallece y se mantiene fiel a su código de honor. Me gusta este personaje, Cardell, porque no es un santo. No le tiembla la mano cuando tiene que aplicar su propia justicia ni cuando busca venganza. Reconocemos a un individuo bueno y bondadoso pero que las adversidades del tiempo que le ha tocado vivir le han moldeado y le han convertido en alguien desconfiado.

A veces la venganza es necesaria.

Víctor Kray, el farero de El príncipe de la niebla, habla de «un camino que cada uno de nosotros debe recorrer en solitario, rogando a Dios que le ayude a no extraviarse antes de llegar al final». Creo que llevo algo extraviado desde 2008. Curiosamente encontrarme tanto ser maligno me ha servido para darme cuenta de que seguir con la misma táctica probablemente no sea la mejor opción.

Para que funcione el sistema capitalista tenemos que tener claro que todos los eslabones de la cadena tienen que ganar. Me explico. Si ganas dinero, pagas impuestos, contratas personal que a su vez gana dinero que también alimenta los impuestos, y así hasta el infinito. Cuando negocias cualquier transacción económica o comercial en este mundo capitalista, ambas partes deben ser conscientes de que para ganar uno, la parte contraria también debe ganar. El problema es cuando uno de esos eslabones quiere ganar “de más”. Cuando quieres aprovecharte del otro eslabón sin ser consciente de que en realidad le necesitas y se puede romper la cadena.

Nos han educado para competir y ser más que los demás, sin darnos cuenta de que nos necesitamos los unos a los otros. Hay personas que no son conscientes de esta actitud tan dañina. No se creen malos, pues son buenos esposo/as, padres y madres cariñosos, buenas personas apostadas en la barra de un bar charlando banalidades.

Pero sus acciones son malas en sí mismas. Solo que ello/as no lo saben porque el sistema les ha educado desde pequeños a vencer siempre. Solo comprenden la victoria y la derrota siempre es para el resto.

Ya que Maitane nos sugería en un comentario que diésemos más cancha a las editoriales independientes, hablaremos de El experimento Pitesti: o sobre el poder omnímodo, libro de Virgil Ierunca de ediciones Xorki. Entre 1949 y 1952 la Securitate, la policía política rumana, elaboró un experimento para re-educar, lavar el cerebro en castellano vulgar, a los desdichados que acabaron presos en una de las cárceles más ignominiosas de la historia.

El método era simple: torturar física y mentalmente, hasta límites insospechados para dar como resultado personas convertidas en guiñapos para finalmente manipular sus conciencias. Quienes sobrevivían claro. Pitesti Prison Memorial se puede visitar en la actualidad. El experimento Pitesti consistía en seleccionar previamente a una serie de presos que tenían pasado fascista para otorgarles plenos poderes para torturar a sus propios compañeros. Los guardias en principio solo tenían el papel de observadores, pero alguno también se unió a eso de machacar al prójimo.

A los torturados que sobrevivían les habían lavado el cerebro y pasaban al siguiente nivel, convirtiéndose ellos mismos en los futuros torturadores que manipularían al siguiente contingente de presos políticos, de manera que la cantera de desalmados quedaba asegurada.

Una de las torturas que se aplicaban en Pitesti es muy parecida a la que aparece en el primer libro de la trilogia de Estocolmo, 1793, por supuesto también en Salamandra. Nos ahorraremos las explicaciones porque es simplemente espeluznante. Hace año y medio cuando leí 1793 pensé que al escritor se le había ido la olla buscando ese punto de novela negra escandinava tan escabrosa a la que tanta gente le gusta últimamente y no logro disfrutar. Ahora descubro que cosas peores se aplicaban sistemáticamente por gobiernos.

Después de investigar algo sobre Pitesti me parece hasta humano lo que se relata en la trilogía de Estocolmo.

Resulta iluso pensar que el mal no va a estar presente en mi vida cuando ha alimentado tantas páginas que he leído. Llamadme ingenuo o cosas peores, pero quizás el anónimo colectivo de personas cándidas nivelamos la balanza desde nuestra invisibilidad.

Ya que espero que 2023 sea un mal año. Ya que espero que 2023 sea un año de sacrificio y dolor, considero absurdo seguir con la estrategia de poner la otra mejilla llevada durante 2022. Nos está tocando lidiar con personas malas y eso es lo que hay. Como La Librera Natalia todavía se mantiene fiel a su candidez, no me deja opción a la venganza, algo loable por su parte, pero también debo ser consciente de que he dejado atrás mi inocencia.

No voy a entrar en valoraciones políticas (que ya es lo único que me faltaba), pero llámese comunismo, capitalismo, marxismo, liberalismo, democracia, fascismo, totalitarismo, socialismo o los ismos que os vengan en mente, al final todo se reduce a una cosa: vencer.

Cualquier sistema político, económico y/o social tiene sentido desde el triunfo sobre nuestros semejantes. Y la religión tampoco se libra de ello.

Como voy contracorriente, no quiero participar en esa supuesta victoria. Quiero pensar que no voy a entrar en ese juego, pero como Cardell, el protagonista con su propio código de honor de la trilogía de Estocolmo, intentaré seguir fiel a mis convicciones aplicando también mi propia justicia.

El príncipe de la niebla nunca descansa y permanece al acecho reclutando soldadesca.

No hará más de cuatro días cuando con un cliente, a quien apenas conocía y que se encontraba en Bilbao en un curso, coincidimos en el bar de enfrente de la librería y al preguntarme precisamente sobre la franquicia Re-Read, acabé hablándole de un sueño: un baserri, una pequeña casa solitaria en algún pueblo tranquilo, con un pequeño huerto donde cultivar las verduras que embotaré para el invierno, un salón de tamaño medio rodeado de estanterías donde ubicar los cientos (quizás miles) de libros que probablemente no me dará ya tiempo a leer, y eso mismo, tiempo, tiempo para mí y mi familia, tiempo para leer, escribir y reflexionar.

El tipo sonrió y me dijo lo siguiente:

─ A ti te pasa lo que a mí, que en realidad estás huyendo y no lo sabes.

O algo así. Quizás tampoco lo dijo con esas palabras exactas. No quiso que le invitase al café con leche que estaba tomando y casi de inmediato se fue pues tenía que volver al hotel para ir a cenar con los del curso de su empresa.

Resultó revelador, ya lo he comentado antes. Un desconocido me había diagnosticado lo que hacía mucho tiempo no había conseguido definir por mí mismo.

Creo que en un mundo que no tiene pinta de cambiar, donde solo tiene sentido la victoria desde que el hombre es hombre, desde que como nos dicen en Sapiens: de animales a dioses de Yuval Noah Harari, acabamos con los neandertales en lo que pudo ser el primer genocidio de la historia, a algunos solo nos queda huir. Re-Read Bilbao San Mamés fue nuestro punto inicial de huida. Para nosotros es el negocio perfecto. No molestamos ni competimos con nadie, tenemos un disruptivo método de compra y venta de libros de segunda mano y aplicamos el Carpe Diem, el vive y deja vivir. Tenemos un negocio cultural, transparente, que nos permite llegar a libros que en circunstancias normales ni soñaríamos.

Re-Read Bilbao es la burbuja que me he construido.

Y quizás porque hasta ahora no he tenido conciencia de mi propia huida, de que Re-Read Bilbao se había convertido en mi personal burbuja, me veo obligado a cambiar de estrategia para conservarla.

Esta vez 2023 nos pilla preparados para todo lo malo que predecimos. Insisto. Ojalá sea cierto eso de que «siempre sucede lo contrario de lo que esperamos» y se convierta en un buen año. Pero va a ser que no. Sin embargo esta vez los malos nos van a pillar preparados.

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