Si lees también te engañarán, pero menos que al resto

A pesar de tener Internet, plataformas televisivas y bibliotecas donde recurrir a información rápida y de maneraa gratuita, los jóvenes de este país saben que el nazismo fue muy chungo pero no les queda del todo claro lo que pasó durante la Guerra Civil Española, pues resulta que este episodio nacional siempre aparece en las últimas páginas de los temarios. ¿Estamos ante una nueva conspiración o es fruto de la casualidad?

La literatura, la filosofía y la historia son esenciales en un mundo en el que el engaño y la picaresca se han convertido en práctica habitual. Si aspiras a que no te engañen, lee.

El redactor de este Blog había robado la furgoneta de Re-Read Bilbao al Comprador de Libros y cruzaba la ciudad pisando el acelerador como si no hubiera mañana dirección a la casa materna que le vio crecer, en busca de la receta de las torrijas de crema de su ama que no podían perderse en caso de que finalmente se desencadenase la guerra nuclear que cada día anuncian esos periódicos sensacionalistas que no osaremos nombrar. Se había propuesto proteger con su vida ese fragmento culinario que le recordaba, con cada mordisco, que la consecución de aquella sabrosa masa le permitía mirar por encima del hombro al resto de las especies de animales.

Todo iba bien hasta que escuchó en la Radio algo así como que se está blanqueando el fascismo en las escuelas, que los de secundaria no tienen ni idea de los sucesos de la Guerra Civil, que igual los malos no eran tan malos y los buenos… Es que… igual en realidad los buenos eran los malos, porque vaya jaleo que si el Frente Popular, que si la Segunda República cuando no sabíamos que había habido una primera… Un follón.

Claro, todo eso el día antes de cumplirse los 85 años del bombardeo de Gernika, cuando muchos todavía no entienden la importancia de aquella masacre; y un día después de leer un informe de unos revisionistas de la Segunda Guerra Mundial que dicen que donde había 1 millón de judíos asesinados en los campos de concentración, que en realidad no era para tanto, que como mucho, como mucho, fueron 700.000, como si esta cifra no fuese sonrojante de por sí.

Estos chavales no lo saben pero en realidad todo comienza en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, momento en el que fue necesario planificar las guerras bajo los terribles conceptos industriales, rompiendo con las premisas decimonónicas. Técnica e ingeniería militar subyugada a la producción militar en masa. Por primera vez en la historia el hombre (y la mujer o a ver quién estaba en las fábricas mientras los machos estaban en el frente) era capaz de fabricar obuses, bombas, granadas y proyectiles a cascoporro.

Y eso que las primeras bombas aéreas se produjeron en 1849 cuando el ejército austriaco las lanzó sobre Venecia desde globos no tripulados (¡¡ala!! y yo que pensaba que lo de los drones nos lo habíamos inventado el otro día…).

En 1908, cinco años después del primer vuelo con motor, al novelista inglés H. G. Wells (el de El hombre invisible, La guerra de los mundos, La isla del doctor Moreau…) va y se le ocurre escribir La guerra en el aire y se monta la paja mental diciendo que en el futuro habría «una guerra de guerrillas universal, que irremediablemente afectaría también a los no combatientes y a los hogares». Vaya flipao. ¡¡Cómo va a afectar una guerra de aviones y bombas a la población civil!! Eso no lo permitiría nadie, hombrepodiosytodoslossantos. Hasta el moño de tanta distopía. Siempre igual.

La guerra de los mundos

Se acaban de cumplir 85 años del bombardeo de Gernika, acto ignominioso pero esencial en la historia porque fue una de las primeras pruebas que Hitler (a este sí que le conoce la chavalería) hizo con su Legión Cóndor.

Pero un año antes, un 22 de Julio de 1936, recién empezada la Guerra Civil de la que no hay tiempo para explicar en clase, dos aviones con bandera republicana pero pilotados por sublevados, sobrevolaron Otxandio saludando a la población que se lo estaba pasando en grande en plenas fiestas patronales. Una vez atraídos por sus malabares acrobáticos comenzaron a ametrallar y a lanzar sus bombas.

Para algunos es el primer bombardeo sobre población civil.

Uno de los pilotos, Ángel Salas Larrazábal, As de la aviación, tiene un currículum de flipar de combates en el aire, abatido no sé cuántas veces, condecorado aquí y allá, cienes de impactos recibidos…. Un crack con muy buena puntería, pues según Paul Preston en el bombardeo de Otxandio murieron 84 personas, de ellas 45 niños. E hirieron a otras 113.

Una gesta muy guapa.

Y en realidad todo empezó en 1914, cuando alguien se dio cuenta de que había fábricas y recursos para construir bombas, morteros, las primeras armas químicas… De que era posible llevar a cabo una guerra total.

Igual que antes, ahora con la guerra en Ucrania comienza una nueva era bélica. Una vez conseguida la excelencia en producción armamentística y con la mochila nuclear hasta arriba de átomos, los diferentes bandos comienzan a probar otro tipo de armas, a desestabilizar gobiernos, a hackear lo que sea… La estrategia militar evoluciona, pero lo que no cambia es el dolor de las violaciones y de la muerte.

Todo viene del pasado, que al igual que las piezas de dominó, cuando una cae arrastra a la siguiente. En función de nuestros actos del presente, cambiaremos en una dirección o en otra el futuro.

Melvin Lerner fue un pionero del estudio psicológico de la justicia. Según su teoría las personas quieren, queremos, creer que vivimos en un mundo seguro, estable y ordenado.

En el que las “cosas malas” solo les pasan a los “malos”.

En el que las “cosas buenas” solo les pasan a los “buenos”.

Al final se acaba culpando a las víctimas de las desgracias.

La gente tiene lo que se merece.

Y se merece lo que tiene.

«Necesitamos creer que vivimos en un mundo justo», era la conclusión de Melvin Lerner.

Llegará el día, dentro de 85 años, en el que alguien dirá que los de Ucrania tal vez se lo estuviesen buscando, que quizás no fuese para tanto, que no murieron niños ni ancianos. Berlín al día siguiente del bombardeo de Gernika negó la matanza y se dijo que fue incendiada por rojos vascos y asturianos.

Pero también ese día quedarán libros en los que en párrafos sangrientos quedará reflejado lo que está pasando.

Igual dentro de 85 años tampoco hay tiempo para estudiar nuestro presente.

A un lector/a siempre le podrán engañar también en el futuro, pero menos. Es más difícil embaucar a una persona preparada, reflexiva y constructiva.

La conclusión del redactor de este blog con la receta de las torrijas de crema de su madre a buen recaudo se puede resumir, básicamente, en que «para conseguir un mundo justo hay que leer historia, filosofía y literatura, porque sabiendo cómo fue el pasado, y refelexionando sobre ello, podremos construir mecanismos de defensa sanos y universales, con el fin de crear futuros en donde la distopía quede simplemente en un subgénero de la ciencia ficción.»

Nota: Quizás algún día me anime a publicar la receta de las torrijas de crema. Todavía no tengo claro si la humanidad es digna de este deleite.

Nota final: recordamos que además de los libros de texto de las escuelas, existen un sinfín de títulos alternativos en donde estudiar prácticamente cualquier periodo histórico. La bibliografía es extensa sea cual sea el acontecimiento histórico que os interese. De manera autodidacta, leyendo, se pueden conseguir sin problemas los conocimientos adicionales. Ahí donde la educación reglada no llega, tendréis libros que os abrirán el resto de puertas.

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