¿Es una buena idea hacerse librero?

Y ya si te haces librero/a de segunda mano, que sepas que la has “cagao”. El librero que lee en la librería, en horario comercial, ya no existe. ¿Nos habéis visto leer alguna vez en tienda? Pero si ni tan siquiera tenemos una silla en la que sentarnos, todo el día reponiendo libros, como si no hubiera un mañana. Un librero moderno, actual y cool, lee a partir de las 22:00 horas, con suerte, hecho un cromo, cansado del día, agotado de la semana de lunes a sábado, lee a veces sin comprender porque las neuronas han sacado hace tiempo la bandera blanca, rindiéndose ante el enemigo que tiene forma de despertador.

Los libreros no es que seamos serios, es que no sabemos si hemos nacido cansados o el sistema nos ha agotado.

Todos están muertos. Podría parecer el inicio de una novela de terror, en la que el protagonista empieza a disertar sobre la manera de sobrevivir en plan Soy leyenda de Richard Matherson. Nosotros hemos tenido esta novela de ciencia ficción editada por Minotauro, varias veces, y nos hubiera gustado poder leerla pero no hemos tenido el tiempo suficiente, por no hablar del porrón de alertas que tenemos desde que el principito de Bel Air protagonizó su adaptación cinematográfica.

Armageddon

Pero no, Todos están muertos fue el tercer álbum de la banda de rock Los Ilegales, editado en 1985. Su sexta canción No me gusta el trabajo, tiene una letra que merece nuestra atención:

No me gusta el trabajo,

Nací cansado.

El trabajo es sagrado

Por eso no lo toco.

El trabajo es una gran putada.

Me echaron del curro por ser un vago,

Estoy muy contento de estar en el paro.

Tumbado en mi cama sin mover un dedo,

Cuento las arañas que hay en el techo.

Intentaremos subir el nivel de nuestras referencias culturales y mencionaremos al autor francés Baptiste-Marrey que en su Elogio a las librerías, dice lo siguiente: “Un librero es alguien que trabaja 12 horas al día, lee por la noche y nunca se enriquece”.

En castellano moderno: un librero es un pringao en toda regla.

En castellano antiguo: un librero es un badulaque (persona necia, inconsciente).

No os contamos si el librero además tiene niños pequeños. El acabose. Dormir está sobrevalorado en el mundo de la cultura.

Existe también otro inconveniente. Bueno, vale, a veces es una ventaja, un modo de aprender cosas nuevas y crecer como persona y todas esas mandangas, pero a priori, es un obstáculo para la felicidad y libertad individual del profesional / mercenario de las letras: un librero se ve obligado a leer libros que por sí mismo nunca leería.

Los libreros son un espécimen del género homo, denominados coloquialmente como personas humanas, que disponen de sus propios gustos y criterios literarios. En determinadas culturas primitivas lo calificaban con el tecnicismo de personalidad.

Recordando a Los Ilegales, tanto el trabajo como la personalidad tienen una característica en común: son una putada.

La personalidad de algunos libreros les lleva a las vendettas de novela negra, a otros les va la historia imperial de Japón, hay quienes la afición por los cómics les hace creerse inmortales… o lo que sea, pero como tienen que pagar facturas, y el romanticismo librero tiene su peaje, si por un casual los clientes de ese bucólico librero que tenéis en vuestro subconsciente, mayoritariamente compran algún género literario que provoca urticaria al sapiens universal, estos bichos (conocidos en el ámbito de la zoología como librero común), se la endiñan y aunque les vayan a sangrar los ojos, se trincan cualquier ejemplar lírico que sea vendible.

En resumen: que a veces tenemos que leer libros que no teníamos ni intención de palpar, pero como es lo que nos piden nuestros clientes, y lo de recomendar a diestro y siniestro viene en el oficio más de serie que los airbags de tu utilitario, nos tragamos libros que minan nuestra personalidad. Epígrafes incluidos.

Y no decimos que no haya libros buenos ajenos a nuestros gustos. Simplemente que hay temáticas y/o autores que no nos atraen, que incluso entre el equipo de Re-Read Bilbao, las inclinaciones literarias no son compartidas. Con el descomunal surtido de títulos, teniendo en cuenta que cada año se publican más de 80.000 títulos, con la lista de libros pendientes que atesoramos, tener que leer “por obligación” libros que en un primer momento no nos llaman, es una faena considerable.

No es justo venir a este mundo para leer libros cutres.

A veces las perspectivas son tan bajas, que cuando nos descubrimos disfrutando de lecturas menospreciadas minutos antes, nos tenemos que dar unos instantes de meditación para evaluar si realmente se tratan de buenos libros con los que no contábamos y que nuestros prejuicios nos habían llevado a subestimar, o si en realidad nuestro criterio se ha rebajado a gozar con lecturas insulsas y carentes de discernimiento.

Pero es lo que tiene trabajar. Las definiciones proporcionadas por la RAE sobre el concepto de trabajo no tienen desperdicio. Algunas son las siguientes:

Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital.

Dificultad, impedimento o perjuicio.

Penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz.

Estrechez, miseria y pobreza o necesidad con que se pasa la vida.

En 1873 el escritor Lorenz Diefenbach escribió aquello de El trabajo te hace libre; se trataba de un método para la rehabilitación de estafadores y jugadores. Poco tiempo después se convirtió en el lema escogido por la República de Weimar para impulsar las obras públicas y combatir la enorme tasa de desempleo provocada por las consecuencias / castigos impuestos a Alemania en el Tratado de Versalles.

Theodor Eicke, conocido por su eficacia a la hora de dirigir campos de concentración, utilizó el eslogan para dar la bienvenida a sus fugaces huéspedes en el campo de Dachau.

Existen historias que no nos gustaría leer en la vida pero que nos vemos en la obligación para no olvidar.

Hoy es 23 F. Son muchos los libros que han indagado sobre el intento de golpe de Estado de 1981, ¿debería haber más literatura al respecto?, ¿están las heridas cerradas?. Solemos tener el de Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Hay historias que como libreros estamos obligados a leer. Hay historias que como ciudadanos estamos obligados a leer. Más allá de nuestros gustos particulares.

Tenemos claro una cosa: leer libros que a priori no nos interesan se puede convertir en un fastidio o en gratas sorpresas, en cualquier caso, leer, leer mucho abre mentes, aumenta la capacidad de adaptación, intensifica la actividad neuronal pero sobre todo…

…leer nos hace libres.

Al final, ser librero, sí que va a ser una buena idea, aunque tengamos que trabajar 12 horas al día y nos tengamos que obligar a leer a altas horas de la noche.

Y sí, sí que enriquece.

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