Librerías. Los muebles que han desaparecido de los catálogos.

Quienes compráis habitualmente en las librerías de segunda mano soléis comentar que vuestro principal problema es el espacio. ¿Dónde guardar la biblioteca con la que os estáis haciendo? Comprar libros de segunda mano en Bilbao requiere tener una logística añadida. Algunos tenéis segundas viviendas, otros alquiláis trasteros exclusivamente para los libros, y otros confesáis torres de libros que se alzan desde el suelo como si fuesen hayedos.

Los decoradores de interior se han olvidado de los ávidos lectores. Ya no hay librerías con decenas de estanterías en los catálogos de muebles.

El escritor argentino Juan Rodolfo Wilcock, en su autoexilio italiano, vivía en una casa sin muebles llena de libro apilados. Todavía no había llegado la crisis del diseño de interiores, una crisis que afecta a lo que parece al diseño de librerías donde reposar nuestras bibliotecas.

casa minimalista

Es desolador abrir el buzón de casa, encontrar un catálogo de una tienda de muebles, y no ver ni una propuesta para fanáticos lectores. Las librerías, en su concepto de mueble, han desaparecido. Ahora te plantan dos baldas color ceniza, una exigua vitrina para las botellas de alcohol con la que Patricia Highsmith no tendría ni para empezar, un estante para la super televisión de plasma de trillones de pixeles y pulgadones… y ya está. No hay más. Minimalismo lo llaman. Manda huevos. Eso sí, te lo cobran como si fuese un mueble de los de antes, que te lo comprabas con veinte años y ahí seguía el mueble impoluto cuando te morías a los noventa, y todavía con ese material le hacían a uno el féretro.

Queda la opción de ir a un carpintero y pedir el presupuesto para una librería a medida. Suele ser caro y asequible para unos pocos bolsillos.

En casa tenemos una polémica al respecto. Hace tiempo que queremos cambiar el mueble de salón, heredado, de segunda mano como nosotros mismos, una apuesta por el reciclaje que lleva con nosotros dieciséis años y que nos ha visto de todo: llorar, reír, discutir, leer, roncar sobre el sofá, momentos de euforia, también de serenidad, nostalgia, melancolía, amor, ira… Nos costó cero euros y ha estado con nosotros tres lustros. Amortizado está.

Uno de los integrantes de nuestro lector hogar apuesta por un diseño molón, actual, moderno y cool, que de más amplitud y claridad a la pequeña estancia.

El otro de los integrantes apuesta simplemente por una librería que vaya de pared a pared y del suelo al techo. Calcula 1.000 libros en “modo normal”. Quinientos más, como mínimo, siguiendo la última tendencia en moda lector: dos filas por cada estantería. Esta última tendencia conlleva el problema de no saber qué libros están en la fila de atrás, y seguramente, el día que toque buscar un libro en concreto, estará en la última fila de la última estantería. Que levante la mano el lector que no apila libros en las estanterías de forma caótica.

El primero/a de los integrantes de nuestro hogar ha dejado claro que esta última posibilidad no va a ocurrir. Argumenta que el salón va a quedar pequeño y desordenado, y a ver qué van a pensar los comerciales de telefonía, seguros, energéticas y demás buscavidas cuando pasen al pomposo salón porque hemos cometido la imprudencia de abrirles la puerta.

Estimados lectores y compradores de Re-Read Bilbao, ¿ponéis cara a cada uno de los integrantes de nuestro caótico pero lector hogar? Os retamos.

Total. Que uno de los motivos de que el mueble reciclado y heredado continúe con nosotros dieciséis nada aburridos añitos, es que ninguno de los dos integrantes del hogar da su brazo a torcer.

Hay un tercer integrante en la casa que cuando sale esta conversación siempre dice aquello de pa qué queremos otro mueble si este nos sirve. Pero cuánta sabiduría.

─Es que ahora no hace falta tanto sitio con el ebook ─nos dijeron en una ocasión cuando comentamos nuestro aprieto.

El Comprador de Libros sonrió ante el comentario con esa mueca malévola característica de un villano de novela, tipo Long John Silver, puesto que provenía de un espécimen que minutos antes se había quejado de que no le entraba la televisión nueva en su salón.

En los hogares modernos, hay sitio para la televisión pero no para la literatura.

El ebook es compatible con los libros de papel, y la televisión también. El ebook es efímero, es simplemente un conjunto de archivos, tal vez pirateados. Puede ser una buena opción, por ejemplo, para ir de vacaciones, tiene su utilidad, pero es eso: fugaz, abstracto… ¿Sabes qué porrón de libros digitales tienes en tu ebook?

Por otro lado tumbarte en el sofá de tu casa y observar tus ejemplares de libros, repasar la mirada por sus títulos… a nosotros nos proporciona calor. Están ahí, son historias que forman parte de nuestra vida y que no sólo han moldeado nuestro hogar, nos han forjado también como personas.

El explorador Richard Francis Burton tiene una frase cojonuda maravillosa: el hogar es donde se guardan los libros. Si no tienes libros… ¿tienes hogar?

El grupo de rock Los Suaves, en su álbum Si yo fuera Dios, lanzado en 2003 tiene una canción titulada Mi Casa. Mi casa es el rock n’ roll gritan con la ronquera característica del whisky doble v.

En general la palabra hogar se usa para indicar el lugar donde vivimos y nos sentimos seguros. Una casa es el lugar habitado, las cuatro paredes que nos protegen de la climatología. No nos planteamos un hogar sin libros.

Para los Re-Read Bilbao nuestra casa, nuestro hogar, son los libros. Ya tenemos un montón de estanterías con impresionantes historias que nos permiten hacer frente a este mundo tan insolidario y que nos salvan de nosotros mismos. Pero alguno quiere más.

Tal vez las empresas de muebles no fabrican librerías porque no hay demanda, porque la gente opta por diseños minimalistas, por dos baldas chungas, con tan poco espacio que te ves obligado a poner uno de esos retratos electrónicos donde van simultaneando imágenes de familiares porque es la opción al poco espacio amueblado. No sé, imagina que quieres dar un beso a tu madre en ese retrato digitalizado y cuando despegas los labios ha cambiado la imagen y aparece la tía Conchi que cumple condena en el módulo de mujeres de la cárcel de Soto del Real.

Nosotros para evitar dar besos digitalizados a la tía Conchi, queremos baldas, muchas baldas, con muchos libros.

Queremos librerías para nuestros hogares.

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