Pánico en Re-Read Bilbao

La imagen bucólica de un librero leyendo tras el antiguo escaparate de una librería de segunda mano forma parte de eso, de la imaginación. En Re-Read Bilbao no hemos gastado en sillas para el equipo librero porque no estamos sentados nunca. Todo el día reponiendo libros, comprobando alertas y ahora, con los Bonos Kultura Bizkaia, apuntando los títulos para emitir la factura correspondiente y que podamos cobrar de la administración pública. Un jaleo digno de Pánico nuclear de Tom Clancy. Es viernes, final de semana, y toca un artículo gamberro de los nuestros.

Descansar está sobrevalorado. Lo que mola es correr de una estantería a otra perdiendo el norte con una pila de libros para fortalecer los bíceps.

Martes, 13 de Octubre, 09:57 horas y minutos en punto.

El grupo Alfa de de la unidad antibarbarie de Re-Read Bilbao se despliega en las siguientes coordenadas geográficas: Latitud: 43° 14′ 50” Norte. Longitud: 2° 53′ 25” Oeste.

El objetivo es una población de algo más de once mil habitantes dividida en dos por una carretera diseñada por algún ingeniero de caminos dipsómano.

─Contacto visual ─informa el comando formado por un solo hombre.

─¿Dónde estás? ─quiere saber el alto mando desde el cuartel general apostado en Alameda Urquijo 79.

En Etxebarri zanja el recluta─, mira que sabía a dónde venía y me he equivocado. He tirado para la iglesia cuando tenía que haber subido para San Antonio, pero es que iba pensando en el poeta Fernando Villalón. ¿Sabías que pidió que le enterraran con el reloj en marcha?

─Escucha guindilla ─le cortan al otro lado del auricular─, necesito que hoy seas rápido y eficiente. Termina pronto tu misión que aquí voy a necesitar ayuda. Hoy tenemos que informar de quién ha ganado o dejado de ganar el Certamen literario y todavía falta un miembro del jurado por contestar.

─Se hará lo que se pueda, jefa ─se justifica el perro literario─, ya sabes lo que decía Onetti, están los que quieren vender libros y los que sólo quieren ser libreros. Uno necesita su tiempo y no sabe trabajar con presión.

─No me vaciles, la cita de Onetti es con escritores, están los que quieren ser escritores y los que sólo quieren escribir ─informa el alto mando─. En cuanto a tu estrés, créeme, no es nada comparado con la que te espera si no estás aquí en una hora.

Se cortó la comunicación de inmediato, dejando a El Comprador de Libros sólo con las vocecitas de su cabeza, mirando la estructura arquitectónica de un edificio que le reservaba varios cientos de libros. Por su parte en el cuartel general de Re-Read Bilbao la librera Natalia ordenaba el compendio de votos emitidos por el 80 % del jurado.

11:17 horas y minutos en punto. En algún lugar del asfalto vizcaíno.

El sonido de Cuando zarpa el amor de Camela hace volver a la realidad a El Comprador de Libros que coge el smartphone, ese invento del diablo, con la mala leche que le caracteriza.

─¡¡¿Qué?!! ─escupe sudoroso.

─Te necesito aquí ya y ahora ─se escucha al otro lado del satélite─, me están atacando por todos los flancos y no sé cuánto voy a aguantar. Ya tengo todos los votos, me falta hacer la suma de puntuación, averiguar qué teléfono corresponde a cada relato, y a la vez no para de venir gente con Bonos Kultura Bizkaia y les tengo que hacer las facturas para que no nos pongan pegas en la dipu. Por no hablar de lo de siempre, vender, reponer, desinfectar los libros que van saliendo de las cajas, que no salen más que libros con alertas y hay que mandar los mails, las redes sociales, un invento del diablo por cierto, el teléfono no deja de sonar, en el whatsapp web hay varias preguntas y el de la compra en domicilio del seis de Noviembre quiere retrasar la cita, de 16:00 h a 16:01 h, que antes no va a poder estar. ¿Tú cómo lo llevas? ¿Cuánto tardas en llegar?

El Comprador de Libros se parte de risa y responde de inmediato al cuartel general.

─Tengo la mitad de las cajas en el portal, la otra mitad en el cuarto piso, para llegar a la calle hay que bajar unas escaleras con una anchura tamaño hobbit, es decir, me la pego seguro, y tengo el vehículo blindado a doscientos metros cuesta arriba, que es donde he podido aparcar. A mí también me están dando por todos los lados. Estás más sola que Braddock (*). No vas a recibir refuerzos, cuartel general, repito, no hay refuerzos.

De esta manera el cuartel general quedó a expensas de hordas de pacíficos lectores que arrasaron con sus estanterías. Las crónicas militares hablan de baldas vacías, aniquilamientos en la eme de la sección de Narrativa, batallas sangrientas en Biografías y bestiales escaramuzas en Estudios literarios. Épica militar literaria para algunos, la pera limonera para otros, un curro de flipar para los menguados libreros.

La devastación fue total.

15:04 horas y minutos en punto. Cuartel general de Re-Read Bilbao.

La comandante en jefe del desaguisado intenta recomponer sus tropas. Ha cerrado hace una hora, no ha parado de reponer, pero apenas se nota. Recuerda a un tipo que le había señalado 55 libros y le había dicho aquello de me los llevo todos. Se rasca la cabeza pensando que ya no le queda tiempo para reponer todo aquello, avisar a los ganadores del certamen literario y anunciarlo en el porrón de redes sociales que hay que tener para vender libros, ir a comer, para después ponerse el traje de madre cariñosa y poder compaginar su vida laboral y familiar. En ese momento alguien golpea a la puerta.

─¿Dónde estabas? ─pregunta nada más verle entrar mientras se palpa la vena del cuello que emerge con cada desastre librero.

─He parado a mitad de camino en un farolillo a tomar un carajillo ─responde con ironía El Comprador de libros─, ¿me resumes la situación?

─Estamos a cuadros ─abrevia la librera─. Hemos vendido de todo, por no hablar de los Bonos Kultura Bizkaia y del todo trabajo que dan, que nos vienen muy bien con la que está cayendo, pero que llevan lo suyo. Por lo menos tengo ya lo del certamen, voy a avisar ahora a las ganadoras, todo chicas esta vez, pero la librería se queda hecha un cromo. Hoy hemos vendido mucho. Hay como veinte alertas por avisar y mira todas estas cajas que también he comprado y hay que dejarlas en el almacén, zona cuarentena precintada y en la entrada hay que pasar la fregona que ha llovido y está hecha un cristo…

─Bueno, el viernes pasado no sacamos ni para la luz, por lo menos hoy compensamos ─aclara El Comprador de Libros─. Con esto del coronavirus no hacemos más que picos de venta, o mucho o nada.

Por suerte El Comprador de Libros había comido algo en el farolillo, por lo que dividieron las tropas y mientras la comandante en jefe se marchó a jugar a las mamás, el otro se quedó organizando el local para poder abrir con dignidad a las 17:00 horas y minutos en punto. Le tocaba el turno a la otra comandante, Alexia, que tenía encomendada la ardua labor de recomponer el regimiento.

Una hora más tarde, más o menos, la ganadora del II Certamen literario “Verano en Re-Read Bilbao” recibió una llamada.

─Tu relato ha quedado en primer lugar ─escuchó por el auricular. La comandante en jefe, camino del colegio, se había puesto otra vez la gorra de librera.

─¡¡No veas qué ilusión!! ─escuchó al otro lado─. ¡¡Me habéis alegrado el día!!

Ese día La librera Natalia redactó un minucioso informe librero-militar, en el que reflejaba una sufrida epopeya con final feliz.

Hay días que trabajar en Re-Read Bilbao es horrible, mucho trabajo, mucho esfuerzo moviendo cajas, controlando que todo el mundo cumpla el protocolo COVID, intentando mantener interesantes conversaciones con nuestros amigos clientes a la vez que gestionamos desde el ordenador las alertas, compras a domicilio, facturas, mensajes y redes sociales. Cuando se juntan además las actividades, no queda otra que sudar la gota gorda.

Pero cuando alguien te dice que le has alegrado el día, porque le has encontrado un libro que andaba buscando desde hace tiempo o porque ha ganado un humilde certamen literario, todo, TODO, cobra sentido.

Son estos momentos cuando somos conscientes de que Re-Read Bilbao mola mazo.

(*) Braddock: El coronel James Braddock fue un ficticio oficial del ejército estadounidense que pasó siete años en un campo de prisioneros de guerra norvietnamitas. En 1984 Chuck Norris llevó al cine a este personaje en un mítico film titulado Desaparecido en combate, siendo responsable no sólo de su interpretación sino también de su característico guión.

Ningún librero/a de Re-Read Bilbao ha reconocido oficialmente el visionado de esta película.

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