A las ocho y tres de la mañana. Primer premio “Verano en Re-Read Bilbao”

Egunon Re-Readers,

A las ocho y tres de la mañana, en punto, comienza la semana para nosotros que por cierto, somos de cumplir con nuestra palabra. Faltaba el relato ganador de nuestro flamante certamen literario, su título: A las ocho y tres de la mañana. ¿Casualidad? ¿O tal vez se trate del destino? ¿Se habrán parado todos los relojes de la ciudad? De soslayo, sobre la mesita de noche (que también está durante el día por lo que propongo cambiarle el nombre) veo el lomo de El coleccionista de relojes extraordinarios de Laura Gallego. ¿Otra casualidad? Decido levantarme de la cama y publicar el relato que tanta expectación ha provocado, porque esto empieza a parecer un relato de Dean Koontz.

Por Diossssss (salivazo con movimiento parabólico incluido) qué frío hace en la cocina. Personalmente pienso que los lunes deberían comenzar no antes de las diez y tres de la mañana. Si se trata de un noviembre invernal como el que estamos sufriendo, poner el pie en la fría tarima antes de las doce y tres del mediodía debería estar penado en el Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn (madre mía lo que cuesta escribir este nombre).

Pero entre otras cosas hay que publicar el artículo en el blog y algo más… ¡¡ahhh sí!! esa nimiedad que es abrir la librería para vender libros con los que poder comer y todo eso. Incluso para poner la calefacción a las ocho y tres de la mañana de un p.. lunes de noviembre.

Vale, que me pierdo, que no habéis llegado aquí para leer mi libro sino el maravilloso relato que nos ha regalado Juan Montalbán. A cambio los Re-Read Bilbao también le hemos regalado una tarjeta Re-Galo por valor de 20 €.

Tarjetas Re-Galo
Tarjetas Re-Galo

 

¡¡Juan!! Zorionak!!! ¡¡Enhorabuena por tu trabajo!! Disfruta de tu premio que te lo has ganado.

El resto, que no hemos hecho ná, vamos a disfrutar de tu historia. Esperamos sinceramente que se trate únicamente de ficción, ja, ja, ja.

A las ocho y tres de la mañana

Las siete menos cuarto. La alarma suena a la hora a la que solía sonar cada día de su anterior vida, qué casualidad. Treinta y cinco minutos, o una ducha y un desayuno después, ya está andando por las concurridas calles del Madrid de febrero, quiere llegar con tiempo para prepararse. El mensaje que encontró tres días antes en el baño del hotel de Lima era tan conciso como siempre: ‹‹El 15 de febrero de 2020 a las ocho y tres de la mañana, en Madrid, evita el robo de la caja 304 de la sucursal 14 del Santander››. Otra tarea, así llamaba a esos mensajes. A veces, preferiría que fueran algo menos concisos.


A las siete y treinta y dos ya está tomando un café en frente de la sucursal. Le tiemblan las manos, ya parece parte de su modus operandi. Trata de calmarse y dejar la mente en blanco, pero le es imposible, las mismas preguntas de siempre le rondan la cabeza: cuántos más habría como ella, cuál sería la próxima tarea, si es que habría próxima tarea, si era moral cometer un delito para detener otro o si realmente servía de algo lo que hacía. No tenía respuesta para esas preguntas, sin embargo, la que realmente la carcomía era la única cuestión para la que sí tenía una. ¿Por qué había dejado su vida para ocuparse de esto?

Todo venía de un viaje de trabajo a Gdansk, dos años y medio antes. Una mañana, durante ese viaje, encontró en el baño de su hotel una nota con el siguiente mensaje: ‹‹El 26 de octubre de 2017 a las nueve y treinta y siete de la noche, en Gdansk, reduce al hombre al que se le haya caído dinero en el restaurante Kahuna››. Cogió la nota, la tiró a la papelera, se limpió los dientes y salió. La recogió en la puerta del hotel un coche enviado por el potencial proveedor que iba a visitar. Pasó todo el día en la planta y volvió en ese mismo coche, esta vez acompañada del pesado comercial de la empresa. La dejó en la puerta del hotel a las seis y cinco de la tarde. Justo al bajarse del coche, el hombre le dijo que la recogerían de nuevo en dos horas y pico para ir a cenar a un restaurante muy de moda en la ciudad, el Kahuna.

Al subir a la habitación, hurgó en la papelera para coger la nota que había encontrado antes, donde efectivamente confirmó que ponía Kahuna. Tenía que ser una coincidencia. Pese a que no le hacía especial gracia, se echó a dormir un rato y al despertarse no volvió a reparar en ello. Como habían planeado, la recogieron y llevaron al restaurante. Llegó a las ocho y veinticinco. La cena transcurrió como suelen transcurrir esas cenas; con una bromita por aquí, una puyita por allá y un interés exagerado en anécdotas ya testadas en esos ámbitos. A raíz de la conversación, un comensal preguntó la hora, ella miró su reloj y le contestó: ‹‹Las nueve y media pasadas, y treinta y cuatro, concretamente››. Se acordó del mensaje y más por curiosidad que por preocupación, echó un ojo alrededor, a ver si veía algo extraño, algo que desentonara. Nada. ¿Qué esperaba? Con cierta vergüenza, se disponía a atender a sus interesantísimos contertulios, cuando vio a un hombre agachado en la salida del baño.
Estaba recogiendo un euro. Eran las nueve y treinta y seis. Imposible. Se paralizó, el cuerpo le pesaba, no oía nada más que su propio pulso. ¿Qué debía hacer? ¿Eran todo coincidencias? ¿Estaban gastándole una broma? En menos de un minuto tenía que reducir a ese hombre, eso decía el mensaje.

No hizo nada. No hizo nada y el hombre sacó un cuchillo del bolsillo interior de su chaqueta y fue a por una mujer vestida de azul. Antes de que le agarraran entre tres, ya había asestado siete puñaladas al esbelto tronco de la mujer. Más tarde, se publicó que era su esposa.

Desde ese día, no ha necesitado ninguna explicación, simplemente cumple con sus tareas.
En Madrid, una furgoneta negra se detiene en la puerta de una sucursal bancaria. Son las ocho y dos minutos.

Juan Montalbán

¡¡A que os ha molado!! Original un rato, ¿verdad?

Por cierto, en los próximos días haremos alguna entrevista, o lo que se nos ocurra, a Llum y Joanna, que han formado parte del jurado de manera totalmente desinteresada.

Os estamos muy agradecidos.

Los Re-Read Bilbao también disfrutamos de Re-Galos que nos da la vida al contar con vuestra amistad.

El próximo verano, más y mejor.

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