Más allá del legado pirata

El domingo en las diferentes Redes Sociales de Re-Read Bilbao os proponíamos investigar sobre la diferente terminología corsaria.

Es mencionar la palabra pirata y nuestra imaginación vuela a La isla del tesoro de R.L. Stevenson, navega junto a El Capitán Blood de Sabatini o asalta Maracaibo, cuchillo en mano y mosquete al hombro, tras El Corsario Negro de Salgari.

La isla del tesoro

La isla del tesoro

Mucho antes de Johnny Depp, el controvertido pero genial actor Errol Flynn encarnaba el estereotipo de pirata peliculero.

Lo mismo son llamados Filibusteros, Bucaneros, Corsarios que simplemente Piratas.  Como nos hemos leído Más allá del legado pirata de Ernesto Frers, y hemos cogido los correspondientes apuntes, os vamos a resumir el origen de cada término (es decir, vamos a copiarlo con total impunidad, que nosotros también somos en cierto modo piratas de las letras).

Más allá del legado pirata
Más allá del legado pirata

Los Bucaneros originarios eran franceses que se dedicaban a ahumar la carne de cerdo, principal alimento en sus travesías marítimas, y recibían el nombre de Boucaniers. Los españoles acabaron por traducirlo como Bucaneros. Estos Boucaniers enseguida descubrieron que abordar bajeles cargados de riquezas era más rentable que la venta de la cecina.

Por otro lado tenemos a los famosos Corsarios, que tal y como nos lo recordó nuestro amigo Iker por Facebook, disfrutaban de patente de corso. Lo que viene siendo financiación y apoyo por parte de una nación a empresas piratas, para conseguir de una manera menos ortodoxa el poder marítimo que en aquel momento todas las naciones anhelaban. Inglaterra y España andaban enfrentadas por la hegemonía marítima y cualquier medio justificaba el fin. Inglaterra, como en un primer momento no tenía una flota que se pudiera medir a la española, se valió de los corsarios para destruir las colonias españolas en el nuevo mundo y para abordar los diferentes galeones que traían las joyas del expolio americano.

Tenemos especial predilección por Francis Drake, el más famoso de los corsarios que antes de piratear fue negrero (se ve que tenía especial predilección para la delincuencia) y se convirtió en el primer inglés en circunnavegar el mundo, y segundo del mundo (el primero fue Juan Sebastián Elcano, que sí, que todos lo sabemos, pero por si acaso… ), hecho que no sólo le reportó fama, sino que también multiplicó por 1400 la inversión de la expedición (ni las preferentes daban esta rentabilidad), puesto que por el camino saqueó todo lo que se le puso por delante. La reina Isabel I, la denominada Reina Virgen, le nombró caballero cuando recibió el 50 por ciento de las citadas ganancias (lo que suponía duplicar lo recaudado por la corona).

Como para no darle honores. Imaginaos el festejo del momento, todo muy pensado para la galería, espectáculo puro a bordo del barco de Francis Drake, el Golden Hind, la cubierta rodeada de nobles y Drake hincando la rodilla ante la reina. Esto hoy en día hubiese sido un filón para los de Sálvame. Hasta le hicieron alcalde de Plymouth, le casaron con una muchachita bien posicionada y llegó a ser miembro del parlamento inglés. Un despropósito, pues el verdadero talento del tipo había sido el de matar y rapiñar por todos los océanos.

Casi un lustro más tarde, cuando España e Inglaterra se declararon la guerra, Francis Drake fue nombrado Vicealmirante, se enfrentó a la Armada Invencible y… un montón de cosas que no caben en un post. Impresionante vida, este hombre no tuvo tiempo para aburrirse.

En cuanto a los Filibusteros, eran piratas que vagaban por los mares por libre, no eran financiados por ninguna nación, lo que hoy llamaríamos emprendedores de la mar, contaban con capital privado para fletar sus navíos, aunque con el tiempo y por aquello de llevar las cosas dentro de la legalidad, se les exigió una especie de tributo fiscal para que levasen anclas sin problema y pasaron a llamarse privateers. Es decir, podían matar, saquear y violar a cambio de un impuesto. ¡¡Qué gran idea!! La palabra Filibustero proviene de Freebooters, que los franceses tradujeron a filibustiers, y los españoles lo dejaron en filibustero. Se ve que privateers no tenía la suficiente enjundia como para ser traducido.

Como veis el siglo XVI no se diferencia mucho de nuestro tiempo (que para esto sirve leer historia, para sacar conclusiones):

Quien puede roba, y si robas mucho, el sistema ya se encarga de legalizarlo.

Otra cosa es que luego pase lo que a los piratas de antaño. Que llega un momento en que ya no sirve a la corona, por aquello de la imagen y la civilización, así que los mismos que promovieron la patente de corso se dedicaron después a perseguirlos y a difamarlos una vez dejaron de servir a sus intereses.

Y toooodo esto, lo hemos leído en Más allá del legado pirata, de Ernesto Frers, de la editorial Robin Book, que nos descubre también la historia de los piratas antiguos, de los vikingos, de las guerras coloniales… Una pasada.

Para que luego digan por ahí que leer no sirve para nada.

De todas formas, si nos dais a elegir entre todos los piratas literarios, Re-Read Bilbao se queda con El pirata Garrapata.

El Pirata Garrapata
El Pirata Garrapata

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